Compositores Extranjeros que Escribieron Valses Criollos al Perú(*)
Nuestra bella música criolla ha sabido ganarse, la admiración y el respeto de muchos compositores de diferentes paises, que cautivados por su estructura musical, se inspiraron para componerla, claro que lo hicieron siguiendo la línea armónica que ésta requiere.
Todos sabemos que la música criolla, nace en las calles de nuestros barrios, una música que nos ha sabido representar en todos los rincones del mundo, es la expresión original de un pueblo que supo transmitir el sentir de su gente a los visitantes que se identificaron con nuestra tierra, sus costumbres y tradiciones.
Es así como en estos momentos, nuestro cancionero patrio cuenta en su haber con bellas obras musicales, que fueron escritas por un sin número de destacados autores que plasmaron su sentimiento en nuestro cancionero musical, haciendo la delicias del criollo costeño.
José Sabas Libornio (1855-1915) hijo de españoles nacido en las Filipinas, traido al Perú para dirigir las bandas de Guerra de nuestro ejército durante el mandato de Nicolás de Piérola, compuso valses tales como “En la Hamaca”, “Mis Sueños’’, “La Perla del Pacífico”, “Hortencia”, “Crisantemo”, “Jardín de Flores”, “María Isabel”, “Flor de Pasión”, “Los Hijos del Sol”, “Bellas Limeñas”, “Siempre te Amaré” y “Las Delicias”, entre otras.
El Argentino Luis Domínguez, escribió los versos de “La Comarca” llevados al vals por Braulio Sancho Dávila. Vicente Olguín de Colombia, escribió la danza “El Payandé” que fuera interpretada magistralmente por nuestra “Soberana de la Canción Criolla” Eloísa Angulo.
Y de Uruguay, Juan Pedro López, quien escrbió “China Hereje”. El poeta Colombiano Julio Flores, nos dejó “El Guardián”. También el poema “Déjalos” del poeta Cubano Bonifacio Byrne, fue musicalizado por Fausto Florián, convirtiéndose en el vals, “La Rosa del Pantano”.
Boris Ackerman, agradecido y enamorado de nuestra patria escribió, “Soy Peruano”. Rodolfo Coltriniari, destacado músico Argentino que trabajó mucho tiempo en nuestra Lima, escribió junto al maestro Lorenzo Humberto Sotomayor, “Un Vals y Un Recuerdo”, conocido por muchos como “Néstor Chocobar”.
De Italia llegó Pablo Bicaria, quien cambió de nombre haciéndose llamar "Pablo de los Andes", nos dejó “Olvídate de mi Amor”, “Sensitiva”, “Vuelve Vidita”, “Te Toca a Tí” y la Polka “El Trome”. Domingo Rullo, llega a Lima desde Argentina en el año 1947 y compone “Ay Paquita”, “Soñando”, “Te Dedico Este Vals”, “En el Parque”, “Esta Noche”, “Mi Condena”, y junto a Humberto Vílchez Vera de Chile, componen “Como no se ha Querido”.
Al Chileno Armando Gonzales, se le recuerda por su vals “Clavel Marchito”. Otro Chileno que nos dejó valses, fue Vicente Bianchi, con “Peruanita Bonita” y “Mi Vals”. Porfirio Díaz, también de Chile nos dejó “Pedacito de Ilusión” y ”Rocio Matinal”. “Ciudad Virreynal” fue escrita por el músico Chileno, Nibaldo Soto.
El Vals “Amarraditos”, lo escribieron Margarita Durán y Pedro Pérez. Modesto López de México, es el autor de “Propiedad Privada”. “El Andariego” fue compuesto por otro Mexicano, Alvaro Carrillo. El compositor español Manuel Alejandro, dedicó “Chabuca Limeña”, en homenaje a la gran Chabuca Granda.
con títulos de autores anónimos como "La moza mala", "El alcatraz", "La zamacueca", esta última criticada duramente por el costumbrista Felipe Pardo y Aliaga al encontrarla vulgar e indecente, pero que más adelante derivaría en la peruanísima marinera. Por los años de 1830 a 1844, la sociedad peruana estaba muy atareada en resolver grandes problemas en la recién instaurada república. Eran los años difíciles de la Confederación Peruano-Boliviana. No había tiempo para danzar, por lo que, según los cronistas, el vals recién entraría a mediados de siglo, luego del gobierno del Mariscal Ramón Castilla.  El vals vienés, muy de moda cuando llegó a los barrios populares limeños de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en dichos lugares en valses-canción, a finales de la misma centuria. El criollo de ese entonces le volcó sus penas y alegrías, las cantaba y las bailaba. De esa forma, el valse tradicional comienza a tener arraigo popular, pues sus ideas melódicas están acordes con los sentimientos expresados en la letra. En los albores del nuevo siglo surgen entonces nombres que harían relucir el cantar ciudadano. Aparecen Eduardo Montes y César Augusto Manrique en el distrito de los Barrios Altos; ellos son los primeros en grabar para la casa Columbia cerca de 195 discos de música peruana, todo un hito para esa época.  Alejandro Ayarza "Karamanduka" y su famoso valse "La Palizada" se dan a conocer por todo Lima. Eran los tiempos en que el músico no recibía un centavo por su trabajo. "El premio mayor era la sonrisa de una zamba o saborear la presa más grande de un caldo de gallina" -como dice Manuel Acosta Ojeda. Músicos como José Bocanegra, bandurrista y guitarrista nos legan valiosas piezas de colección para el criollismo. Otros títulos como "Idolo" de Sancho Dávila, "Capulí " de Nicanor Casas, alcanzan mucha popularidad entre el público. Como una centella aparece en el firmamento musical don Felipe Pinglo Alva, paradigma del criollismo de todos los tiempos, con sus letras plagadas de crónicas políticas de la crisis de la época. "El plebeyo", "El huerto de mi amada", "El espejo de mi vida" son algunas de sus más famosas composiciones. Para muchos, fue con Pinglo que la música criolla llegó a encumbrarse al máximo en el gusto de los limeños de esos tiempos. Con el advenimiento de la radio se populariza mucho más el ritmo criollo. Algunos cronistas recuerdan que las emisoras radiales convocaban con fines de promoción a los más renombrados intérpretes del criollismo para que actúen en vivo. Según dicen, la aceptación del público era multitudinaria y los artistas disfrutaban directamente del calor popular. Serafina Quinteras, la primera poetisa de la canción criolla con su "Muñeca Rota", Lorenzo Humberto Sotomayor y su vals "Corazón" y César Miró con "Todos vuelven" son los más "sonados" del criollismo. En los años cincuenta, los puntos de reunión son los centros musicales como el "Felipe Pinglo Alva", el "Carlos Saco" en Barrios Altos, el "Ricardo Palma" en Surquillo, el "Valderrama" en el Rímac entre otros, dispersos, en ese entonces, en la aún creciente ciudad de Lima. Era tanta la expectativa que los obreros y trabajadores ahorraban parte de su sueldo todo el año para poder celebrar el 31 de octubre como si se tratara de la festividad de Navidad o Año Nuevo. Narran los viejos criollos que, a pocos minutos de las doce de la noche, los grupos se apostaban a unos metros del centro musical para dar inicio a la serenata cuando fuera la medianoche, y para estrecharse en un cordial abrazo por tal memorable fecha. Además, se organizaban caravanas en donde los directivos de los centros musicales se turnaban año a año la visita a los demás locales, sea en los barrios de La Victoria, Rímac, Barrios Altos, Lince, etc., terminando el recorrido en la madrugada al llegar a su respectivo centro musical, donde igualmente empezaba la jarana de "rompe y raja".  Al tema "La Flor de la Canela" de la limeñísima Chabuca Granda, hermosa pieza de colección que ha trascendido mundialmente, grabada en multiples idiomas por igual cantidad de artistas, se añade el gran desfile de memorables composiciones como "Madre" de Manuel Acosta Ojeda. La Limeñita y Ascoy, Jorge Huirse, Eloísa Angulo, Teresa Velásquez, Manuel "Chato" Raygada, Alicia Maguiña, Augusto Polo Campos, José Escajadillo, Luis Aberlardo Núñez, Félix Pasache, la Reina y Señora de la Canción Criolla Jesús Vásquez, conforman una gama de intérpretes y compositores que eternamente perdurarán en el sentir del pueblo.  Nombres como Bartola, Lucha Reyes, Cecilia Barraza, Cecilia Bracamonte, Eva Ayllón, Andrés Soto, el guitarrista "Lucho" Gonzáles, Félix Casaverde, Susana Baca, Arturo "Zambo" Cavero, Lucía de La Cruz, Daniel "Kiri" Escobar, Julie Freundt han llevado el ritmo criollo por todo el orbe, recibiendo halagos y distinciones del público foráneo.  En la actualidad, los rincones en donde se va del torbellino de la modernidad con todo su alocado devenir hacia la brisa fresca y melodiosa de antaño, y donde se canta y se baila al ritmo de guitarra y cajón, sin importar la edad y condición social, son: el centro musical "Pedro Bocanegra", "Unión", "Barrios Altos", la peña de don Abelardo Vásquez "Don Porfiro" -donde los micrófonos y parlantes han quedado de lado para dar paso al sonido natural de las gargantas de los viejos y nuevos intérpretes-, "Breña", "La Valentina de Oro", la asociación cultural "Domingo Giuffra", entre otras.
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